Estar de duelo en Navidad

Publicado el por Pedro Alcalá

A todo a quien se acerque a este blog en estos días, entiendo que no hará falta contarle lo complicadas que emocionalmente hablando pueden llegar a ser estas fechas de Navidad para quienes hemos sufrido pérdidas de seres queridos (haga el tiempo que haga que pasó). Y es que por más voluntad que le pongamos para no vernos afectados, el bombardeo emotivo es constante. Y de una manera u otra, las ausencias se hacen más presentes, nos entristecen y nos duelen.

No pretendo por este motivo presentar con este escrito un alegato contra la Navidad. Más bien al contrario. Manidos argumentos sobre consumismo y la aparente pérdida generalizada de su verdadero valor espiritual aparte, el hecho es que para la mayoría de nosotros es un tiempo que nos invita y propicia el encuentro amable con los nuestros; con los que por desencuentros dejaron de serlo y con los que nunca fueron tan nuestros. Oportunidad para la reconciliación. Oportunidad para sentir más a flor de piel. Oportunidad, por tanto, para que las ausencias afloren en primer plano aunque se quiera o, de forma un tanto ingenua, no se quiera.

La realidad es que (siempre hablo tan sólo desde de mi experiencia personal y la de mi entorno) cualesquiera que sea el enfoque que nos planteemos cada año para afrontar la Navidad, esta siempre nos sorprende, atrapa y desbarata la que dábamos por infranqueable fortaleza o definitivo blindaje emocional. Siempre hay un encuentro, una palabras, un verso, un anuncio, una canción, un objeto que sale de no sabemos dónde para convertirse en implacable mensaje: no te olvides de mí…

…y es que no nos olvidamos de ti…

Imposible olvidar a quien todavía tanto se quiere cualesquiera sea el tiempo transcurrido, cualesquiera las circunstancias, cualesquiera sea nuestro estado en el proceso de elaboración del duelo.

Los que sentimos ausencias en Navidad, con frecuencia, pretendemos controlar las emociones, ponerle normas al corazón: qué y cuándo sentir; dosificar los encuentros, medir los abrazos y la exposición a los recuerdos. Y yo al menos, de este modo, siempre, año tras año, he acabado por concluir que mis esfuerzos fueron en vano. Acabé por sentir la ausencia de Diego con la intensidad que me pedían las entrañas; la que correspondía. Cosa que sucedió a menudo a destiempo, mal digerida y peor gestionada. Se convirtió en la famosa tristeza disfrazada de ira que tan bien explica Jorge Bucay.

Por ello este año, tengo más claro que nunca que durante las fiestas de Navidad, las personas en duelo, por más que lo pretendamos y planifiquemos, no podemos estar seguras de saber lo que realmente vamos a querer hacer en cada momento. Somos volubles, variables. Lo cual no es malo ni es bueno. Es una consecuencia normal de nuestra situación. De ahí que me haya planteado ser más flexible con mi implicación Navideña. También serlo con aquellos con quienes comparto la misma ausencia: no tienen porque coincidir con mis necesidades, ni en el mismo enfoque. Respeto por tanto a cada forma de encarar estas fechas. Comprensión ante inesperados giros de planteamiento. Aunque no los comparta ni comprenda. He aprendido que con frecuencia no obedecen a motivos racionales. Inútil pedir explicaciones, no las hay.

Tolerancia ante la ira. A menudo no es más que el reflejo de la impotencia que nos hacen sentir emociones intensas inesperadas para las que en estos días no disponemos de tiempo ni espacio para poder atenderlas de forma adecuada. Paciencia pues. Hasta con nosotros mismos.

Y por último, comprensión con nuestro entorno: si ni nosotros sabemos lo que queremos, ¿cómo van a saber ellos, pobres, qué hacer con nosotros, salvo acogernos con mal disimulada congoja y ofrecernos su mejor manera de entender el afecto?

A todos los dolientes, acompañantes y allegados, os deseo unas serenas fiestas de Navidad y Año Nuevo, que nada tienen en sí mismas de malo. No son ellas las que nos hieren, es nuestro corazón herido el que nos duele. Y es normal además que así suceda. Por lo que si escapar del bullicio no es nuestra opción, aprovechemos pues para dar y recoger tanto cariño como podamos. Es el mejor bálsamo. Nos aportará energía para seguir adelante.

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  1. Nati dejó su vivencia:

    Esto es lo que compartí en un blog que se llama Renacerás, unos días antes de Navidad.

    “Yo, ya llevo unos cuantos años, que cada año que pasa, me pregunto ¿Dónde está mi espíritu navideño?

    Ése que tantos y buenos propósitos me provocaba.

    Ése que te hace sentir, más que nunca, deseos de paz, de ser más compasivo, de ser más cercano, de ser más familiar.

    Ése que te impulsa a querer compartir la alegría, la bondad, la caridad, el amor.

    Ya es la sexta Navidad sin Él. Y, ese espíritu no ha regresado. Se deja vislumbrar a duras penas. Quiere asomarse a ese paisaje decorado con luces de colores. Quiere hacer acto en escena para reaparecer con fuerza. Pero tiene miedo. Miedo a no quedar a la altura que se le exige. Miedo a no ser capaz de salir victorioso en la batalla que tendrá que luchar contra la ausencia de Carlos. Esa ausencia que me araña las entrañas, que me inunda de tristeza y me anega de lágrimas”.

    Hola Pedro. Cuánto me alegra volver a saber de ti. Echo en falta tus escritos. De vez en cuando entro para comprobar que… no hay nada nuevo. Pero… por fin… has vuelto.
    Aquí estamos, aguantando el mástil. Peleando con las emociones enfrentadas.
    Por un lado quiero hacer lo que hace todo el mundo: Alegrarme con la llegada de la Navidad. Ir a la cena de empresa para disfrutar riendo, cantando, bailando con los compañeros. Hacer las compras y comidas navideñas con ilusión y entusiasmo para compartirlo en familia.
    Por otro lado: No consigo controlar las emociones de tristeza, añoranza, melancolía por la ausencia de Carlos. La mayor parte del tiempo, deseo estar sola.
    Siento que los unos son incompatibles con los otros. Y me veo arrastrada, como si tirasen de mí, por lo segundo.
    Te deseo todo lo mejor para ti y tu familia.
    Un cálido abrazo.

  2. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Yo también me alegro mucho de saber de ti.
    Es cierto cuanto dices, seguimos adelante, vadeamos casi cuanto nos toque, pero con estas dichosas fechas no hay quién pueda.
    Y es que tal vez no hay que poder. Sino sentir lo que toca. Si es que evitar exponernos a ellas no es posible.
    Espero poder recuperar cierta frecuencia con mis escritos. Yo también los echo y os echo de menos.
    Un fuerte abrazo.
    Te deseo lo mejor.
    Pedro.

  3. Lola (BASI) dejó su vivencia:

    …y es que no nos olvidamos de ti…
    … Y esque no nos olvidamos de vosotros…..

  4. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Querida Lola,

    No nos olvidamos de ellos…
    Te gustará saber que en nuestro último encuentro, Basi, estuvo presente de forma muy expresa. ¡Qué excelente persona! Fue la afirmación unánimemente repetida. Basi marcó para bien nuestras vidas.
    Un fuerte abrazo Lola.

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