No se olvida nunca

Publicado el por Pedro Alcalá

Tan sólo dos semanas después, y aquí estoy de nuevo. Menos mal que no me puse excesivamente solemne a la hora de despedirme de este blog.

Así hoy se me hace más fácil rectificar.

Lo pongo de relieve porque precisamente creo que rectificar no es de sabios. O mejor dicho, no es una facultad exclusiva de ellos. Lo que sucede es que nos cuesta mucho decir sin ambages: me equivoqué y ahora doy marcha atrás. De ahí que en nuestra sabiduría popular (otra vez los sabios) hayamos elevado este acto a calidad de honorable gesto, propio tan sólo de unos pocos iluminados. Unas veces para poder escurrir el bulto (no está a mi alcance); otras para enmascarar nuestro desbarre bajo la aureola de la excelsa acción que se supone que implica el simple acto de enmendarnos la plana. Pero no: la capacidad para rectificar no es privilegio de unos pocos; rectificar está al alcance de cualquiera. Debería de ser el gesto más habitual de las personas comunes que aspiremos a una convivencia sana. Lo creo así, por más que sé cuanto nos cuesta llevarlo a la práctica.

Es más, estoy convencido de que si no nos cuestionamos de vez en cuando aquello que en algún momento dimos por sentado. De que sí pasamos por alto la ocasión de analizar nuestros errores para descubrir qué subyace tras ellos, perdemos una excelente oportunidad para crecer.

Esto viene a cuento de todo cuanto nos decimos al respecto de lo que nos sucede durante el duelo; de nuestra inclinación a dictar sentencias y darlas por definitivas: “soy así”; “esto no hay quién lo supere”; “mis circunstancias son otras”; “nadie me entiende”; “todo cuanto tenia que decir, dicho está”; etc. Y es que si algo he aprendido durante la elaboración del duelo es que no podemos dar nada por definitivo si lo que queremos es avanzar y salir.

Reconstruir supone rebuscar entre los escombros de un derribo para, clasificándolos, acomodarlos tal y como estaban. Con frecuencia es necesario sustituir o añadir elementos nuevos. Es una minuciosa labor de prueba y error hasta conseguir de nuevo una estructura armoniosa, estable y sólida. Puede que a veces una versión mejorada del original. Recomponer un alma rota; elaborar un duelo, tiene mucho de todo esto.

En la que hasta hoy fuera mi “última” entrada, aseguraba que mi sabio instintivo me pedía dejar de escribir en este blog para atender otras facetas de mi vida desatendidas durante el duelo. Me sentía alejado de la sensibilidad del duelo. Estaba convencido de ello. Pero han bastado dos semanas y unos pocos comentarios para darme cuenta de que en algo me había malinterpretado.

Disculpas por estos vaivenes.

-Atento-, dice mi estado en Whatsapp. He querido cambiarlo en varias ocasiones sin conseguirlo. Algo me dice que aún no es tiempo de bajar la guardia; que si me dejo llevar, me engaño.

Esta Semana Santa, con nuestro duelo superado, nos hemos lanzado una vez más de vacaciones: muchos y buenos amigos; buen tiempo; buena nieve; buena predisposición; mejores expectativas… Pero ya el primer día juntos se me atragantó del mismo pesar impreciso de cada año.

Y no es que calle ante el grupo por no aguar la fiesta. Siempre habría alguien dispuesto a escuchar. Es que no sé reconocer a tiempo lo que me pasa.

El duelo no puede ser, me digo. Y le digo a Teresa: eso ya está. Los dos sabemos que el duelo, ese sí que ya está.

Y regresamos a casa exhaustos de negarnos el mal ánimo. De esforzarnos por estar a la altura de las exigencias de una vida feliz que nos hemos impuesto. De sentirnos mal por necesitar soledad y no atenderla. Por no concedernos esa licencia frente a unas obligaciones de cortesía que nosotros mismos nos hemos dictado frente al grupo. Convencidos de que pasar página implica eso: participar de todo tanto o más que el resto.

Pero es gracias a aquel estar atentos del que hablaba antes, este cuestionarnos todo a cada instante el que nos permite discernir y desbrozar las emociones hasta dejarlas tan nítidas como para poder entenderlas. Comprender que nuestro universo interior sigue, de forma ineludible, marcado por la ausencia de Diego. Que la realidad es que en estas vacaciones grupales, una vez más, éramos los únicos padres sin hijo adolescente, en un encuentro de padres con hijos adolescentes, y que se justifica sobretodo en eso: en ver o saber que tus hijos disfrutan. Es una evidencia que nosotros, por más que queramos, no podemos ignorar. Es una realidad, que de no prestarle atención, nos acaba por minar.

Hemos elaborado un duelo: no nos hemos vuelto inmunes a la añoranza.

Aceptamos que para el resto del grupo se trata de una situación normal. Y así ha de ser. Ni tan siquiera nos cabe esperar que alguien, haciendo un ejercicio de empatía descomunal, fuera capaz de ponerse en nuestro lugar. Por más que sabemos que nos tienen en mente y son sensibles a nuestra situación, jamás podrían asimilar nuestro sentir, su realidad vital y sus inquietudes están en otro orden de preocupaciones propias de la edad de sus hijos adolescentes. Naturalmente intensas.

Es la edad que tendría Diego. Ojalá que todas esas preocupaciones, juntas, fueran nuestras, pensamos. Pero callamos.

Lo cierto es que nos sentimos arropados. No nos falta cariño. En eso tenemos suerte. Pero no podemos evitar sentir un triste, aunque irracional, sentimiento de exclusión.

Salvo quienes hayan vivido determinadas pérdidas, pueden entender la intensidad con que en cada viaje de vacaciones nos acompaña una pronunciada ausencia de Diego. Desde que hacemos el equipaje sin sus cosas; lo cargamos, sin sus cosas; viajamos, sin él y sin sus cosas…; hasta que, peor aún, deshacemos el equipaje, sin sus cosas…

Es por ello que necesitamos de espacios de soledad para expresarlo y tiempo para procesarlo.

Hace tiempo que aprendimos que nuestras idas y venidas de vacaciones no son un simple y placentero trámite. Constituyen parte de nuestro proceso de normalización de su ausencia. Cada vez más llevadero, por supuesto, pero ineludible y necesario.

Con todo lo anterior no pretendo desdecirme de nuestra situación al respecto de la elaboración del duelo. Bien al contrario, me ratifico en que nuestra reconexión con la vida es sólida: disfrutamos de solvencia y normalidad para gestionar nuestro día a día. Si bien, he de admitir que todavía nos quedan situaciones dolorosas por enfrentar y que aprender a gestionar.

Cosas por tanto que contar, si no desde la sensibilidad del duelo, sí desde la de un padre que ha perdido a un hijo. Y que aunque dispuesto a enfrentarlo todo para seguir creciendo; ni pretende, ni quiere olvidarle nunca.

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  1. Amelia dejó su vivencia:

    Mi querido Pedro:
    He pasado una Semana Santa excepcional.En un lugar especial y muy bien acompañada,verdaderamente he disfrutado.
    Pero en cada momento genial pensaba:que bien lo pasaría Alfonso con esto o aquello. Quizás ni siquiera estuviera conmigo…Pasándoselo guay en otro sitio.
    No, no se olvida nunca…
    No lo niego, me alegro de tu vuelta, aunque no se si debería…
    Y por una vez, sin que sirva de precedente,estoy absolutamente de acuerdo contigo; no están reñidas unas estupendas vacaciones con las lagrimas…He incluso con algún acontecimiento “curioso”, para mi un guiño de mi hijo.

    Gracias por tus vaivenes.
    Un abrazo.
    Amelia

  2. Nati dejó su vivencia:

    Hola de nuevo. Yo entiendo que quisieras dar por terminado el hecho de tener que seguir hablando del duelo y por tanto, tener que poner punto final al blog. Es difícil mantener un blog activo en el tiempo. Me imagino que te sentirás en la obligación de atenderlo y, si no escribes tan a menudo como quisieras, pues, decidieras darlo por concluido. Pero, siempre tendrás algo nuevo que contarnos y, yo al menos, te leeré siempre. Tengas lo que tengas que decir, bienvenido sea.
    Un abrazo.

  3. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Hola de Nuevo Nati. Y gracias por seguir ahí.

  4. Aura dejó su vivencia:

    Hola.
    Mi pareja perdió a su único hijo de 20 años hace poco mas de meses. Ha sido muy triste, inesperado como nunca. Mi pareja solía pensar que su hijo era su mano derecha y que ya estaba madurando y hasta interesándose mas en el trabajo y preocupándose mas por todo y de repente… se fue. Se fue dignamente trabajando. Al menos por ese lado el papa quedo un poco resignado, pero siempre con mucha duda del porque se fue, siendo tan joven, de esa manera tan trágica, cuando ya estaba haciendo mejor las cosas. Aunado a todo esto, resulta que mi persona esta embarazada, tenia poco de haberlo descubierto antes del suceso. Ahora luego de todo esto, Yo siento una mezcla extraña de sentimientos, sobretodo porque no puedo imaginar el dolor que el siente de tan dura perdida, trato de sentir y darle mi apoyo, sin embargo el no demuestra mucho, se aferro mas a su trabajo, duerme y actúa como si nada, pero en su cara se refleja lo que siente.
    A veces siento que soy invisible para el, que ya no me toma en cuenta en sus proyectos, ya como que el dolor que vive, no deja que la preocupación, o molestia que uno sienta por esa actitud fría, no lo deje ver a uno y por ende no le importe.
    Hasta ahora que ya esta mas avanzado el embarazo, fue que decidió colocar como segundo nombre parte del nombre de su hijo fallecido.
    La verdad que no esta siendo fácil para mi esto, son dos situaciones que me están alterando de cierto modo mis emociones y me da mucho que pensar. Como puedo ser mas útil sin presionar. Quisiera comprar el libro pero no me deja. Favor su ayuda. Gracias

  5. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Querida Aura,

    Aunque no pueda llegar siquiera a imaginar el desconcierto que te produce la pérdida de una persona tan querida y la desolación de tu pareja, frente el arrollador empuje hacia la ilusión y la alegría que la vida que llevas dentro pugna con todo derecho y naturalidad por imponerse. Aunque no pueda imaginarlo, trato de ponerme en tu lugar desde mi experiencia de duelo. E intuyo aturdimiento, impotencia, dudas, impaciencia, sentimientos de culpa irracionales…(irracionales digo)

    Esto del duelo es un proceso largo y complejo, ante el cual no todos reaccionamos igual. Distintas son también las circunstancias. Lo que es seguro es que duele mucho. Y que ese dolor nos deja abatidos y aturdidos durante un tiempo indeterminado que depende de las circunstancias de cada cual. Después lo habitual es que la vida nos llame a la reconciliación y que poco a poco empecemos a reaccionar.

    Por ese mismo motivo de la singularidad del duelo, no puedo ni me atrevo a darte consejos. Pero es seguro que encontraréis vuestro propio camino. Aunque hoy os pudiera parecer que no fuera posible, existe un camino natural de elaboración del duelo que nos conduce a una convivencia serena con la ausencia de nuestro ser querido. Hay un impulso interior que nos acaba pidiendo ponernos en marcha; el cual, si prestamos atención, nos marcará el camino.

    Te incluyo un enlace al blog de psicología del Duelo de la Fundación Mario Losantos Del Campo, que hace referencia al duelo en pareja. Espero que te sirva. También encontrarás otras lecturas que te pueden resultar de ayuda.

    http://blog.fundacionmlc.org/duelo-en-pareja/#more-1972

    Con el simple hecho de compartir tu vivencia y de haber emprendido la búsqueda de soluciones has dado un paso de gigante hacia la elaboración de vuestros duelos.

    Recibe un fuerte abrazo y todo mi ánimo.
    Pedro.

  6. alicia dejó su vivencia:

    Hola Pedro,
    Qué sabio reconocer las emociones y darles espacio. Me encanta la frase “Hemos elaborado un duelo, no nos hemos vuelto inmunes a la añoranza”. A veces uno avanza tanto y se encuentra tan bien (dentro de nuestra realidad de padres que han perdido un hijo) que parece imposible retroceder y volverse a dejar atrapar por la tristeza. De poco vale negarla cuando vuelve. de esto mismo hablo yo en mi blog y te cito, pues me he sentido en completa comunión con tus palabras.http://elplanetadeoliviayvioleta.blogspot.com.es/2015/09/recuerdos-que-remueven-dias-negros-que.html
    Muchas gracias por todo lo que escribes y compartes, me ha ayudado mucho. Un abrazo

  7. Lore dejó su vivencia:

    Hola quizas no encuadre en este blog ya que perdi a mi madre. Aun me invade el dolor a pesar del tiempo transcurrido un año y medio … Hoy los leo y pienso el dolor que hubiera sentido si yo me hubiera ido antes … Quizas para ella fue mejor asi … Al fin y al cabo sufre el que se queda … Siempre alguien emprende el viaje antes. Somos quienes soportan el peso de la muerte estando vivos…

  8. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Hola Alicia, gracias por tus palabras. Sabrás como conforta que te digan que compartir tus experiencias de duelo cumple su cometido: no sentirnos solos en tan largo proceso como suele ser el duelo. Vernos e identificarnos los unos en los otros. Es lo mismo que he sentido al zambullirme en tu sensible y reflexivo blog. http://elplanetadeoliviayvioleta.blogspot.com.es

    Comparto contigo que siempre habrá días negros que nos hagan sentir la ausencia con dolor, pero quisiera matizar sobre tu post que para mí, eso no implica necesariamente que el proceso de duelo continúe. Sí el dolor no es recurrente, si ya no nos impide enfocarnos en atender nuestra cotidianidad en plenitud ni involucrarnos en nuevos proyectos vitales; a dedicar nuestras energías a los vivos, el duelo como proceso en el cual aprender a gestionar la ausencia y reconciliarnos con la vida, está resuelto.

    Bien distinto es que no olvidemos nunca a nuestro ausente y que sea inevitable que de cuando en cuando nos siga doliendo. Aunque hayamos aceptado que su pérdida es irreversible y hayamos dejado de sufrir por ello, es normal que sigamos echándoles de menos.

    Un fuerte abrazo.

  9. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Hola Lore, por supuesto que tu dolor tiene cabida en este contexto. En él intercambiamos vivencias de duelo, de dolor, por tanto. Cada dolor es único y personal: es de quien lo sufre. Y nadie ni nada puede medirlo, clasificarlo o compararlo.

    Que nadie te diga que tu ausencia es ley de vida y que es tiempo ya de superarlo. Lo que es ley de vida es que las pérdidas duelan y que este dolor esté muy relacionado con el vacío que nos dejan.

    Sólo tú sabes como vives la ausencia de tu madre. Lo natural es que, enfrentando el dolor y siguiendo tu instinto acabes por superar tu duelo sin problemas y aprendas a convivir con su ausencia de una forma más serena. Pero si tienes dudas sobre tu proceso de duelo, si sientes que no progresa como esperas, no dudes en solicitar ayuda.

    Yo lo hice, superar mi pérdida se me hacía grande, me daba pavor no ser capaz de superar el trance. Y fue una decision acertada. Aunque el duelo es una tarea personal ineludible que nadie puede hacer por nosotros, si que nos pueden acompañar u orientar durante el proceso.

    Siempre bienvenida, Lore, mucho ánimo y un cálido abrazo.

  10. Lore dejó su vivencia:

    Gracias por tus emotivas palabras!!! Es raro que alguien sin verme entienda tanto….

  11. vanessa dejó su vivencia:

    Perdí a mi hermano y mis padres perdieron a su hijo el se suicido ese dolor q se siente es muy grande .se siente una impotencia se no saber q paso porque lo hizo ? Me costo mucho superar esa tragedia dejarlo ir aseptar que ya no esta pero aseptar q no soy culpable de su partida me costo mucho pero con la ayuda de Dios poco a poco me e recuperado .ese día mi hermano hablo conmigo me dijo con lágrimas ” no aguanto la soledad y al poco rato nos avizas q esta muerto .saben q feo se siente sentirme culpable que me pedía ayuda con sus lágrimas y no lo escuche e no hice nada por escucharlo .me a costado superar pero ahí vamos poco a poco

  12. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Querida Vanessa,

    Tan sólo puedo hablar desde mi propia experiencia. Mi hijo Diego falleció a causa de un accidente en el cual ni mi mujer Teresa ni yo tuvimos nada que ver, tampoco pudiéramos haberlo evitado en modo alguno. Pero ese hecho, que de forma racional teníamos muy claro, no nos libró de un persistente sentimiento de culpa al principio del duelo. El sentimiento de culpa parece ser un elemento muy común en todos los duelos. La mayoría de los casos infundado.
    Dado que vuestras circunstancias de pérdida son distintas a las mías, no me atrevo por respeto y responsabilidad a buscar un paralelismo con la evolución de mi duelo. Menos aún tratar de ponerme en vuestro lugar.

    Os propongo la lectura del blog de psicología de la Fundación. En el siguiente post hablan del duelo cuando se trata de un suicidio:
    http://blog.fundacionmlc.org/?s=Suicidio
    También podréis descargar la guía del duelo adulto con algunas claves que os pudieran servir de orientación:
    http://www.fundacionmlc.org/actualidad/noticias/guia-duelo-adulto/
    Un afectuoso abrazo.
    Pedro.

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