La necesidad de hablar durante el duelo

Publicado el por Pedro Alcalá

Cuando se trata de hablar sobre el dolor, este fluye libre; se me atropellan las palabras hasta conformar un grito. Callado y sordo, cuando el alma sobrecogida me impide elevar la voz. Un alarido, cuando la desesperación desborda mi capacidad de aguante y estalla hacia la nada porque ya no busca consuelo, sino desahogo.

Para los estados de felicidad, en cambio, no suelo necesitar de papel y lápiz. Se expresan a menudo en la placidez del momento. Y si bien en general me gusta compartirlos y contagiar las vidas que amo, considero que a veces no hay nada de malo en vivirlos de forma íntima y reservada. En el simple regocijo de un qué bien me siento; percibir cómo mi interior se tonifica y crece, y me hace más amable. El hecho es que no tengo necesidad urgente de expresarlos. De ahí que cualquiera que asociase mis silencios en este blog con mis periodos de estabilidad emocional o serena normalidad, pudiera no andar muy desencaminado.

Con la desesperación y el dolor, por contra, igual que con el vapor en las ollas a presión, necesito de válvulas de escape para impedir estallar en pedazos de impotencia o evitar que mi compostura interior se deshaga en una amalgama informe que acabe por deslizarse, indolente, hacía el fondo vacío y frío del abandono y la apatía, hacia el engañoso confort que ofrece la tristeza. 

Es por ello que aún hoy, sea cual sea mi evolución respecto del duelo, aunque es cierto que las crisis ya se presentan cada vez más espaciadas en el tiempo, siempre busco una salida al torrente abrasivo que son el dolor de ausencia, la rabia recurrente, las dudas, la pena.

En un principio, creí que este blog no era para mí nada más que un vehículo para cumplir con mi compromiso de compartir esta experiencia de duelo, por si pudiera ayudar a otros en su propia elaboración, pero ahora, cada día estoy más convencido de que también ha resultado ser una eficaz extensión de mi terapia de duelo. 

Cada vez que algo me bulle e incomoda al respecto de mi duelo, me acerco a mi teclado y lo dejo brotar. Mi primer discurso suele ser visceral, desordenado y confuso, pero auténtico; como lo son las emociones imprevistas. Como lo es el primer párrafo de este post: un borbotón. Un borbotón que se justifica en que después de una temporada de serenidad y bienestar que estos días atrás quise y no supe expresar, hoy, las malditas fechas señaladas, de nuevo barruntan y se asoman sombrías a mi interior amenazando con desestabilizarme una vez más.

Pero a estas alturas, porque no me resigno y no dejo de rebelarme, ya sé que nada mejor puedo hacer para atenuar su influjo, salvo sentir y contarlo.

Y es en este contarlo más desarrollado y consciente, donde no me queda otro remedio que ponerles orden a las palabras y dimensión a las ideas para que mínimamente se me entienda. Y en ello encuentro mucho de reflexión. Es durante este proceso, que casi sin pretenderlo, identifico el origen de algunas emociones y descarto influencias negativas que pudieran haberlas provocado. Dejar madurar y revisar el texto me ayuda de forma indirecta a mantener en orden mi mundo interior. 

Es un proceso y un resultado bien distinto al que obtendría si me limitara a rumiar mi angustia y remover sentimientos negativos por entre mis entrañas, sin darles salida. Sería como batir un lodo infecto en una fosa séptica sin ventilación: acabaría por intoxicarme.  

Por ello considero esencial exteriorizar nuestras emociones, apoyarnos en alguien que nos escuche. Porque aunque a veces pudiera parecer que nadie nos comprende, si les damos la oportunidad, pudiera ser que lo hagan más de cuanto esperamos. Cuanto menos, nos permitirá aprender a gestionar y tolerar nuestro dolor de forma saludable. Drenarlo. Que diría Sara, quien fuera mi terapeuta y La mujer que me escucha

Para mí, hablar; aprender a hablar; hablar mucho y escribir sobre la pérdida de Diego y la desolación, la rabía, el miedo, la impotencia, la culpa, el sufrimiento y el desorden emocional que su muerte y ausencia me provocó; mantener vivo su recuerdo amable, los buenos momentos, el amor que siento por él…fue esencial en la resolución de mi duelo; lo ha sido después; y lo sigue siendo cada vez que estas malditas fechas señaladas, tercas, me arrastran a la nostalgia dolorosa y necesito procesarla de nuevo.

Tags: , , , ,

  1. Mariano dejó su vivencia:

    Un fuerte beso familia, Nerea,Mar y Mariano.

  2. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    Cada rosa tuya, Nerea, es un impulso más hacia adelante para nosotros.

    El otro día vimos el corto animado “Cuerdas” y nos acordamos mucho de ti.

    Un fuerte abrazo para los tres. Gracias por estar siempre ahí.

  3. Nati. dejó su vivencia:

    Hola Pedro. Solo deseo saludarte. Sigo con mucho interés tu blog. Son tan profundos y tan completos tus escritos que no se me ocurre nada que lo pueda mejorar.
    Quiero que sepas que aunque no te conteste, siempre te leo.
    Un abrazo.

  4. Pedro Alcalá dejó su vivencia:

    ¡Hola Nati!, aunque estaba seguro de que seguías ahí, cerca, a la vuelta de un texto, me alegra una enormidad que me lo hagas saber. Un abrazo muy fuerte.